En sus orígenes, su labor fue la de perro de caza de muestra.
Entre los siglos de la edad media se convirtieron en acompañantes de la nobleza europea, especialmente entre la inglesa y francesa, que consideraban que era un signo de distinción llevarles en sus desplazamientos junto a sus carruajes.
Nos encontramos una vez más ante un perrete que tiene carácter, un alto nivel de energía y necesidad de actividad tanto física como mental.
Su pasado está grabado en su genética y, aunque ya no haya carros con los que correr, necesita hacerlo.
Son muy amables, algo cabezotas e independientes. Quien no los conoce y comprende podría pensar que son rebeldes, algo que para nada es cierto.